Hace un año que dos terroristas asaltaron la redacción de Charlie Hebdo, asesinaron a doce personas e hirieron a otras once. A este atentado, le siguió el asesinato de un policía en Montrouge y el asalto a un supermercado kosher en el que mataron a cuatro rehenes e hirieron a otros cuatro.
Entonces escribí esto en El Imparcial: http://www.elimparcial.es/noticia/146499/Ese-lugar-se-llama-Francia.html
Hace un año que el terrorismo golpeó a Francia y, en su rostro, a toda Europa. Hoy nuestro continente sigue afrontando el mismo desafío de mantener su identidad sin traicionarse.
Nuestro continente sobrevivirá si es capaz de afirmar sus valores y sus principios; no si renuncia a ellos. Como europeos, tenemos la responsabilidad de defender los valores y principios sobre los que nuestra civilización se construyó: la libertad, la razón, la limitación del poder y, en suma, la dignidad intrínseca de todo ser humano.
Europa es hija de Atenas, Roma y Jerusalén. Hunde sus raíces en la filosofía griega, el derecho romano y la Biblia. Ha alumbrado al mundo una civilización que ha transformado la faz del planeta. No es perfecta, pero sigue ofreciendo un modo de vida que ilumina las aspiraciones y las esperanzas de millones. Sólo seguirá siendo una tierra de esperanza y promisión si defendemos con firmeza los principios que la sostienen.
Este es nuestro desafío y nuestra salvación.
