Suele decirse que Yugoslavia se descompuso o se disolvió pero no es cierto. La verdad es que Yugoslavia fue destruída. Poco a poco se va conociendo cómo se fraguó la voladura de un Estad que tenía muchísimos problemas pero que podría haber evolucionado -o incluso haber desaparecido- de forma pacífica y ordenada. En cambio, los intereses de algunos y las traiciones de otros propiciaron una década -o más si incluímos en conflicto de Kosovo- de gueras civiles que los eslavos del sur pagaron con sangre.
Esta semana escribo sobre ello en mi columna de El Imparcial.
