Escribo con cierta urgencia. En el Rif, la zona montañosa del Marruecos oriental, hay una creciente indignación que está sacando a la gente a las calles. Todo comenzó con la muerte de un vendedor de pescado de Alhucemas, Mohcine Fikri, aplastado por una trituradora de basuras mientras intentaba rescatar su mercancia arrojada a la máquina. Aún están por esclarecer los hechos, pero el muchacho murió aplastado mientras gritaba y los presentes lo grababan con sus móviles. Una atrocidad.
Desde entonces, la indignación crece por toda la región, una de las más pobres del país. Se han anunciado investigaciones, se han abierto diligencias… pero esto no basta para aplacar la ira de los manifestantes. La justicia marroquí padece un grave descrédito cuando se trata de abusos policiales y corrupción en general.
Esta semana he escrito sobre todo esto en Libertad Digital.
