Un joven saudí se ha “divorciado” de su esposa por Snapchat. Ella ha interpuesto una demanda ante un tribunal de Yeddah para que se declare si su matrimonio está, efectivamente, disuelto. En realidad, no es un divorcio sino un repudio. La diferencia es significativa porque el varón puede romper el vínculo matrimonial diciendo tres veces “yo te repudio”, que es lo que el marido ha hecho a través de la red social. Esto no le está permitido a la mujer, que necesita acudir a un proceso judicial y acreditar, por ejemplo, que su marido no la mantiene, o que está enfermo. Cabe también que la mujer se acoja a la posibilidad de divorciarse indemnizando al marido en el importe de la dote que recibió al casarse. En todo caso, la esposa no tiene esta facilidad de la que sí goza el varón, a quien le basta una declaración de su voluntad para que el vínculo quede extinguido.
La tecnología digital está transformando el mundo islámico, aunque no sabemos bien en qué sentido.
Esta semana escribo sobre ello en El Imparcial.
