Hace unos días escribía en El Imparcial sobre las operaciones de guerra híbrida que Azerbaiyán está ejecutando contra los armenios del territorio de Nagorno-Karabaj: unos presuntos «activistas» cortaron la única carretera que une la capital de Nagorno-Karabaj, Stepanakert, con Armenia.
Ahora han vuelto a hacerlo: 120 000 armenios llevan casi cuarenta horas aislados a causa de una pretendida protesta ambiental. Por supuesto, es un pretexto.
La cuestión aquí es qué va a hacer la comunidad internacional; por ejemplo, la Unión Europea. Hace ahora casi dos años el Consejo de la Unión Europea aprobó la Decisión 2020/1999 y el Reglamento 2020/1998, que tendían a endurecer el régimen de sanciones que se podían imponer contra personas físicas u organizaciones responsables de violaciones de derechos humanos.
¿Es que esta operación híbrida contra los armenios de Nagorno-Karabaj no viola sus derechos humanos? ¿Es que no es una violación de derechos humanos sostenida en el tiempo lo que vienen sufriendo desde 2020 los armenios de ese territorio? ¿Es que Azerbaiyán tiene carta blanca para hacer lo que quiera?
