La pequeña Eslovaquia – poco más de cinco millones de habitantes y una superficie que no llega a 60.000 kilómetros cuadrados, es decir, menor que la de Andalucía- le han plantado cara a Bruselas y se ha opuesto a la política de reubicación de refugiados. Otros se limitaron a protestar, pero Eslovaquia impugnó. Su recuerdo ataca de raíz al legitimidad democrática de la política de cuotas.
