Una marcha contra el miedo

Un grupo de ciudadanos había convocado para esta tarde una Marcha contra el Miedo. El gobierno belga, por miedo, la ha desconvocado. Sin embargo, algunos centenares de bruselenses han acudido a la Plaza de la Bolsa en un gesto de dignidad y de coraje que permite albergar la esperanza de que no todo esté perdido en Europa. Allí han acudido también los neonazis -o habría que decir los nazis, sin más- para difundir su discurso de odio y xenofobia. Por suerte, los asistentes los han rechazado en un gesto de claridad moral que reafirma cierta confianza en el futuro.

La libertad religiosa forma parte del grupo de libertades civiles más antiguas y por las que más se ha luchado en Europa. Sí, hay que hacer frente al islamismo en el plano cultural y político, pero esto no puede ser un pretexto para criminalizar a los musulmanes ni para pedir expulsiones masivas que, como se ha repetido hasta la saciedad en el caso de los refugiados, están prohibidas.

Este continente es lo que es porque ha sabido defender sus libertades contra todos sus enemigos: los religiosos fanáticos y los políticos radicales. No podemos dejarnos arrastrar a esta sinrazón que, en realidad, es una traición a Europa.

He escrito sobre ello esta semana en El Imparcial. 

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