El viernes pasado di una charla a un grupo de jóvenes de un colegio mayor. El título era “Siete cosas que deberías saber sobre el Estado Islámico”. Empezábamos a las 19:30. Confieso que no era muy optimista en cuanto a la asistencia. A estas alturas, uno creía que los viernes por la tarde la gente joven tendría planes mejores que ocuparse de una organización terrorista yihadista. De todos modos, como yo creo que uno debe ir siempre que alguien –por pequeño que sea el grupo- se lo pide, fui encantado con la alegría de alguien que retoma esta forma de docencia cercana que es la charla.
Me equivoqué. Había unos sesenta asistentes entre chicos y chicas no solo de ese colegio mayor sino de otros de la zona. Estuvimos unas dos horas de las cuales más de la mitad fueron preguntas. Incidieron en aspectos que yo no había mencionado. Pidieron aclaraciones. Expresaron sus puntos de vista.
Me hicieron enormemente feliz.
A lo largo de estos años, he tenido la oportunidad de dar clase a gente estupenda. Algunos comenzaron siendo mis alumnos y ya desde hace años son mis amigos. Me los he encontrado en sitios esperables y en lugares insospechados. Tengo a alguna exalumna perdida por África y a otros rodando cortos y anuncios. Alguno es ya un brillante profesor que nos ha superado a casi todos.
Así que antes de que termine la semana quiero mandarles un abrazo a esos alumnos que decidieron compartir la tarde de un viernes hablando conmigo de algo que nos preocupa a todos: el terrorismo, la libertad, los valores de Occidente.
Me alegra saber que el futuro también está en manos de gente como ellos.
