Luis Javier Sánchez ha publicado en Law & Trends una pieza sobre la regulación de los lobbies en España y la creación de un registro público en la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia.
Me parece una buena idea pero es algo insuficiente y llega un poco tarde. El modelo de registro voluntario ya se ha ensayado y la tendencia es más bien a hacerlos obligatorios. El modelo de Bruselas cede ante el modelo estadounidense. En realidad, el modelo europeo está en una fase de revisión en pro de la transparencia así que es pronto para hacer valoraciones que pudieran resultar precipitadas. Desde luego, lo que sí parece claro es que un registro voluntario es insuficiente.
Por otro lado, queda por resolver el problema de fondo sobre la legitimidad de los lobbies y si suponen o no una desigualdad en beneficio de quienes disponen de ellos y en perjuicio de aquellos que por falta de recursos (económicos, organizativos, etc) no disponen de uno.
Ahora bien, es ingenuo creer que los lobbies van a desaparecer. La hiperregulación, la creciente burocratización de la vida, la complejidad de ciertos textos normativos (tributarios, administrativos, etc), la multiplicación de niveles de decisión; y, en fin, las relaciones de poder y derecho entre los reguladores y la sociedad parecen conjurarse para que los ciudadanos y las empresas necesiten, de un modo u otro, hacer valer sus pretensiones a lo largo de los proceso normativos y decisorios.
Habrá que tratar otro día si los lobbies son parte del problema o parte de la solución.
